Coberturas
Francia
The Daily
Nov19,2015

La serie de atentados terroristas en Francia de la última semana han vuelto a conmover a las audiencias del mundo. Y las críticas a la cobertura que hace la televisión sobre la tragedia no se han hecho esperar.
Mathias Reymond, del observatorio de medios francófono Acrimed, publicó este jueves un análisis titulado “La couverture des attentats dans les journaux télévisés: compassion ou voyeurisme?”, donde cuestiona el grado de voyerismo y exhibicionismo de las principales emisoras francesas.
La crítica comienza apuntando hacia cierto sentimiento autocelebratorio de los medios, por mostrar en esta ocasión un criterio más sopesado a la hora de qué poner en pantalla y qué no en relación a los episodios, con la experiencia cercana del atentado contra el semanario Charlie, de enero pasado. El analista se pregunta en verdad si hay motivo para congratularse.
Menciona a Guillaume Zeller, director de I-Télé, filial del grupo Canal+, para quien la decisión concertada de no difundir imágenes ni sonido del asalto en la sala de espectáculos Bataclan, así como la decisión de autolimitarse en el uso de superlativos y palabras que generen ansiedad, es un progreso meritorio.
Por su lado Catherine Nayl, directora de informativo del grupo TF1, celebró que el equipo periodístico del canal haya adquirido la madurez necesaria para la cobertura de este tipo de eventos trágicos. “Hemos procurado mantener un alto grado de precisión y ponderación en la información”.
Sin embargo, para Reymond, las jornadas televisivas en TF1 y France 2, sin hablar de las “ediciones especiales” de las cadenas de información en continuo, no se han destacado precisamente por sus matices ni por su moderación.
“Fuerza es constatar que la televisión francesa se parece cada vez más a la de EEUU, donde la puesta en escena espectacular de imágenes violentas (sangre, balaceras, persecuciones) y de las emociones (lágrimas de parientes, angustia de transeúntes, recogimiento), realzan a menudo el voyerismo y sobre todo eluden el análisis: el comentario de la acción prima por sobre la reflexión”, apunta el analista.
Reymond se detiene en especial en el tipo de cobertura que él llama “voyerista”, a partir del uso de videos amateurs tomados durante el ataque de Bataclan. El domingo 15, por ejemplo, TF1 difunde una de estas filmaciones anónimas y el periodista sobre-escribe: “los terroristas abren fuego, el bajista huye…”. Luego sigue una reconstrucción dramática de la balacera.
France 2, en tanto, no la propone mejor, añadiendo el ruido de las balas y el grito de la gente que sufre la embestida. TF1 vuelve luego a “la película de los acontecimientos”, describiendo la trayectoria de los terroristas por las calles de París a la manera… “de una película”.
Televisión vs redes sociales
El voyerismo estuvo también a la orden del día en ocasión de la cuenta de heridos y desaparecidos. TF1 se refiere a la “insoportable espera de unos” y al “alivio” de otros. En France 2, luego de mostrar “los rostros de las víctimas” (con acompañamiento de música de violín), se interroga a los padres de una, o a los amigos de otra, antes de leer al aire los conmovidos comentarios de gente cercana en sus páginas de Facebook.
El analista concede, sin embargo, que los medios no son los únicos responsables de este voyerismo, sino que ello es reflejo de una transformación en el modo como se relacionan hoy la información y la intimidad.
Desde el momento que cada individuo deviene potencialmente en productor de información, los medios tradicionales son desafiados competitivamente por las redes sociales, en cuyas plataformas circulan eventos en tiempo real. “Como resultado -señala Reymond- las imágenes difundidas por la BFM TV (canal francés que pasa información en continuo) ya están hace una hora circulando por internet”.
Pero sobre todo, agrega, “este voyerismo mediático no sería posible sin la exhibición digital”.
“Las fronteras de la vida privada se disipan lentamente con la complicidad -voluntaria o no- de los mismos ciudadanos y de los periodistas que no tuvieron que dedicar demasiado tiempo para elaborar los perfiles de las víctimas, a veces sobrio, a veces no, puesto que ellos ya existían en Facebook”.





