

El mayor evento deportivo en vivo del mundo, concentrador de los derechos televisivos más costosos y el más redituable para los players de las transmisiones en vivo de la industria audiovisual está atravesado por la puja política más grave de su historia. Todo comenzó a solo semanas del final de la Copa del Mundo de Fútbol desarrollada en EEUU, México y Canadá, la cita que más dinero dejó en las arcas de la FIFA, entidad madre del fútbol profesional mundial.
La UEFA, la federación europea de fútbol, se mantiene firme y confirma su intención de boicotear las competiciones de la FIFA si Gianni Infantino sigue al frente de la organización. "El boicot a las competiciones de la FIFA sigue en pie; nada ha cambiado: ya no hay confianza alguna en Infantino", declaró un portavoz de la UEFA en un comunicado muy crítico.
El presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin —en representación de las 55 federaciones nacionales de Europa— está a la ofensiva, mientras que Infantino no tiene intención alguna de ceder, y mucho menos de dimitir. El presidente de la FIFA ha dado marcha atrás en sus planes de introducir inversión privada en el fútbol y ha pedido disculpas, pero también se está preparando para la batalla.
Las elecciones a la presidencia de la FIFA están previstas para marzo de 2027. Sus oponentes podrían intentar convocar un congreso extraordinario en noviembre para celebrar un voto de censura contra Infantino. La UEFA cuenta con el respaldo de la Concacaf, la confederación de Norteamérica y el Caribe dirigida por el canadiense Victor Montagliani, quien también es vicepresidente de la FIFA y podría presentarse como candidato alternativo.
Recientemente, Infantino convocó una reunión con los altos cargos de la FIFA en Salé, cerca de Rabat (Marruecos), donde le aseguraron que seguían confiando en él. Les dijo a sus colaboradores más cercanos: "No tengo intención de dimitir; me voy a quedar".
Sin embargo, Infantino necesita aliados. La UEFA cuenta con el respaldo de la Concacaf mientras que África y Sudamérica apoyan a Infantino, y Asia está dividida (aunque incluso esta falta de consenso supone una mala noticia para Infantino).
La postura adoptada por la Confederación Sudamericana de Fútbol podría suponer un problema para la Concacaf y la UEFA. Tres partidos del Mundial de 2030 se disputarán en Argentina, Uruguay y Paraguay. Inmediatamente tras la conclusión del reciente Mundial, Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, la federación sudamericana de fútbol, anunció planes para ampliar el torneo a 64 selecciones a partir de la próxima edición, una medida que encaja perfectamente con las grandiosas, aunque controvertidas, ambiciones de Infantino (en el Mundial de 2026 hubo 48 selecciones, frente a las 32 anteriores).
Además de la privatización del fútbol mundial, Infantino ha sido criticado por introducir pausas para hidratarse (con el fin de añadir más tiempo publicitario a los partidos televisados) y un espectáculo en el descanso, por anular una tarjeta roja (expulsión) a un jugador estadounidense tras las "indicaciones» del presidente de EEUU, Donald Trump; por otorgar a Trump un premio de "paz" inventado y por pagar una indemnización por despido a una supuesta ex-novia.
Las 55 federaciones de la UEFA no cuentan por sí solas con los votos suficientes para destituir a Infantino como presidente de la FIFA (se necesitan 106 votos de un total de 211), pero la UEFA y la Concacaf están forjando alianzas de forma activa, y Víctor Montagliani (que en un principio se había perfilado como candidato para 2031, pero que ahora está decidido a presentarse de inmediato) podría cambiar la postura de la Conmebol respecto a Infantino.
Hasta ahora, los dirigentes del fútbol sudamericano han emitido esta declaración: "Estamos preocupados. Deben respetarse los mecanismos institucionales para aprobar las reformas. Si no hay diálogo, todos salen perdiendo".





