

Detrás de la aparente inocencia de un dibujo animado que se cuela por las pantallas en los hogares de medio mundo se libra una batalla sin cuartel entre un empresario español y otro mexicano. Una pugna por el control y el poder de una compañía ahogada por las deudas pero posicionada en más de 80 países con su marca, Pocoyó, un pequeño y simple muñeco azul. Esta ha sido la semana clave en la contienda.
El lunes pasado, en un comunicado que sonaba desesperado, el empresario madrileño José María Castillejo concluía: “Confiamos en poder seguir desarrollando nuestro negocio con la ayuda de Dios”. El conde de Floridablanca —uno de los siete títulos nobiliarios que posee— encomendaba a la divinidad su suerte y la del niño animado que hipnotiza a los preescolares y que fue creado hace diez años por la productora Zinkia, de la que Castillejo es presidente y con la que parecía estar a punto de despeñarse por los precipicios de los mercados financieros.
Ambos, Castillejo y Pocoyó, junto a todos los accionistas de la compañía, se asomaban al abismo de una deuda de 14 millones de euros, según las últimas cifras publicadas por Zinkia. Darían el salto al vacío empujados por su presidente pocos días más tarde, el miércoles, cuando presentó el concurso voluntario de acreedores. Leer más...





