Comercialización
Norteamérica
The Daily
Oct20,2015

El viejo adagio según el cual el negocio del deporte es en rigor el negocio derivado de la TV será una realidad incontrastable en 2018, según un nuevo informe de PwC. Hace mucho que los ejecutivos del mundo de los deportes vienen poniendo el foco en los derechos de transmisión como el motor principal de crecimiento de la industria en Norteamérica. Pero en 2018, por primera vez, se espera que los ingresos en concepto de comercialización de derechos audiovisuales sobrepasen a los correspondientes por taquilla, erigiéndose en la principal fuente de ingresos del sector. Este escenario salido del reporte de PwC ha merecido un comentario en el Wall Street Journal.
Una industria alguna vez cimentada en la venta de entradas para sus espectáculos más populares transmutará en millones de ojos mirando la acción solo que… por televisión, o en algún dispositivo móvil. Según PwC, las ligas y federaciones deportivas cobrarán en 2018 un total estimado de US$ 19.900 millones por derechos de transmisión, frente a US$ 19.700 millones por ingresos de taquilla.
“Esta es una tendencia que ya se hacía notar. La brecha se ha ido cerrando a medida que fueron entrando en vigencia los nuevos acuerdos por derechos”, comentó Adam Jones, director de la unidad de Servicios de Asesoramiento de Deportes de PwC, según el artículo del WSJ, firmado por Matthew Futterman.
Los pagos por derechos de transmisión llegaron este año a los US$ 16.400 millones y se espera crezcan a una tasa anual compuesta del 7,2% en los próximos cinco años.
El mercado de los derechos de transmisión se disparó en los últimos años en tanto las compañías de medios fueron compitiendo por contenidos deportivos que pasan la prueba del DVR (en EEUU se llama a esta programación “DVR-proof”, y significa que determinado programa será visto en el momento de ser emitido y no después a través de una grabación por DVR o en transmisión diferida, lo cual ahuyenta a los mayores anunciantes) y que, en el pasado, tuvo a resueltos consumidores que pagaban por suscripciones de TV paga.
Sin embargo, Jones instala un interrogante sobre la valorización y sostenibilidad de este modelo: ¿se sostendrá el crecimiento estimado por el informe de PwC en un entorno donde los consumidores más jóvenes parecen hoy dispuestos a vivir sin programación que no sea over-the-top, a través del streaming?
En otras palabras, ¿serán tan valiosos los derechos deportivos si no aciertan a hacer más valiosa a la TV paga?





