Cable
Argentina
Omar Méndez
Set17,2014

Este miércoles 17, Argentina inicia la 24ª edición del evento principal de la televisión por cable nacional, un expocongreso que también atrae la atención de protagonistas extranjeros interesados en lo que acontece en el país que mantiene la mayor cantidad de abonados de Latinoamérica (en la ecuación cantidad de habitantes-cantidad de suscriptores). Como en las últimas ocasiones, el Hilton Hotel de la ciudad de Buenos Aires acoge a los asistentes, invitados, conferenciantes y a 57 compañías del mercado en calidad de expositoras, bajo la organización de la Asociación Argentina de Televisión por Cable (ATVC) y Caapsa, el grupo que representa los intereses de los canales de TV paga que cubren el territorio.
A pocos metros de allí se levanta un ícono de la ciudad y del país, el famoso Puente de la Mujer, concebido como homenaje a su esposa y levantado con su propio dinero por uno de los hombres que escribiera algunos de los mejores capítulos de esa historia de medio siglo, Alberto González, un inolvidable emprendedor del cable nacional. El hotel que recibe a los visitantes también fue gestado por su encomiable e inagotable emprendedurismo.
El evento ya es una tradición en la industria latinoamericana, aunque sus luces disten mucho de las de los inicios cuando el país fue puntal en el desarrollo de la TV paga en español. En toda la década del 90, las Jornadas de Cable de Argentina fueron referenciales para el resto de los países del territorio. Ese desarrollo arrollador, montado sobre reglamentos casi inexistentes y bajo un casi total desdén gubernamental, encontró un final previsible cuando llegaron al país millonarias inversiones, descontroladas y repentinas, que desnaturalizaron por completo a un mercado que se hizo sobre pilares levantados por miles de microempresarios locales. La concentración resultante más la crisis económica de comienzos de los años 2000 acabaron con aquella era "romántica" en la que abundaron empresarios haciendo casi artesanalmente sus compañías de cable.
Durante la primera década del nuevo siglo, aquellas primeras luces se desvanecieron; desde 2000 a 2007, luego de una total transformación, desigual, el mercado se reconcentró aún más, con un operador extraordinariamente dominante, Cablevisión, aupado por faltas de reglamentación y por un gobierno que avaló la gran concentración. Le siguieron capítulos más recientes, la pelea del gobierno nacional, denunciado cientos de veces por corrupción, con el grupo propietario de Cablevisión, el conglomerado Clarín.
La administración de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, ha intentado quebrar al grupo apelando a todo tipo de recursos, hasta con una ley de Medios, creada por sus funcionarios, avalada y aprobada en el Congreso Nacional, apoyándose en su autosuficiencia legislativa para lograrlo (mayoría arrasadora en las dos Cámaras del Congreso). No deben existir muchos antecedentes en el mundo como el de Argentina: Un gobierno traza un reglamento para arrasar exclusivamente a su enemigo público número uno, un medio de comunicación, su aliado de los primeros tiempos. La Ley de Medios ha golpeado al grupo hasta desguazarlo pero no lo ha acabado. Cablevisión ya no es el poderoso grupo que era pero mantiene su liderazgo a nivel nacional.
El efecto colateral de una ley perversa como lo es la Ley de Medios ha afectado a todo el mercado de TV paga. También a los consumidores que han quedado, como consecuencia, con muy escasas alternativas a la mano: no hay empresas que vayan a invertir en un clima tan envilecido y pervertido legalmente. Entre los tantos desequilibrios ocasionados, la ley, con el fin de destrozar a Clarín, le abrió el juego a una importante cantidad de grupos en el interior del país, como es el caso de las cooperativas de servicios, tan comunes en todo el territorio, que podrían sellar la suerte de las pequeñas y medianas cableoperadoras aún existentes en el país. La competencia no es viable con cooperativas mayoritariamente acostumbradas a prácticas monopólicas. El cable argentino también ha quedado en desventaja respecto a la oferta DTH, no alcanzada por la ley.
Bajo ese clima, y con ese historial tan variopinto y con tantos cambios en las últimos 15 temporadas, arrancan estas Jornadas del Cable de Argentina, justo en el año 50 de la existencia del cable. Aunque ya habían dado algunos pasos los primeros emprendedores, fue en 1964 cuando se sientan las primeras bases del negocio en pequeños poblados del interior del país.
Sin dudas, hay mucho por debatir y este expocongreso ofrece un escenario ideal para hacerlo. ¿Habrá interés en debatir realmente o, como acontece cada año en este evento, las posibilidades de hacerlo se desperdiciarán? Son los organizadores, principalmente la Asociación Argentina de Televisión por Cable, los que definen el tenor de las conferencias y los que incentivan los debates o los cierran. El programa poco dice sobre disertaciones referidas al crítico momento que vive el mercado. Las formalidades de siempre predominan en la agenda prevista. No se ve allí el fragor que se vive en el tiempo presente, cruzado de irregularidades y con una ley vigente llena de veneno para el sector.
El medio siglo de vida que se conmemora podría ser un buen aliciente para que Jornadas de Cable de Argentina se reconvierta en aquello que fue en los inicios de los años noventa: Un gran concentrador de la industria y sus intereses, una suerte de faro que encendió América Latina.





